Capítulo 1: Miedo

Miedo, no es exactamente la palabra que podría definir la sensación que sobrecogía todo mi cuerpo. Terror, es más aproximado a la realidad. Una sensación de angustia vital oprimía mi corazón haciendo que latiera a mil revoluciones por minuto, agolpando la sangre en las arterias de tal manera que su paso por las proximidades del oído producía un silbido insistente y entrecortado. El sudor fluía por todos los poros de mi piel intentando eliminar el calor interno generado en aquella situación asfixiante que a pesar de la energía desencadenada me impedía mover un solo músculo. Los párpados permanecían paralizados, y aunque no podía verlas, seguramente las pupilas estaban exageradamente dilatadas. El temblor de los músculos provocado por el miedo, que casi relaja los esfínteres, me impedía salir corriendo, aunque no sabía a dónde dirigirme para huir de aquella pesadilla.

El viento se escuchaba con fuerza a través de los cristales de las ventanas, sus aullidos junto al sonido de la lluvia que había arreciado en los últimos minutos, no impedían oír el eco profundo y tembloroso de los truenos que acompañaban a la tormenta que por fin descargaba con toda su fuerza sobre la casa que parecía iba a ser el último habitáculo de mi pobre cuerpo terrenal.

Los recuerdos se agolpaban en mi cerebro, de forma desordenada pero con coherencia. Aún no sabía cómo había llegado a desencadenarse los hechos que me habían arrastrado a aquel sublime momento de mi existencia. Una burda sonrisa se esbozaba en mi rostro, compungido por el dolor y la ansiedad, tenía su gracia acabar de aquella manera tan estúpida.

Sabía que la cerradura de la puerta y el mueble que había colocado tras ella no podrían detener por mucho tiempo la entrada. La entrada, de quién o de qué, porque en realidad no sabría definir con exactitud el origen del ente que había originado tan horrible violencia. Aunque me atrevería a apostar, con grandes posibilidades de acertar, que se trata de un hombre, pues sólo una mente humana es capaz de elucubrar tan malvados y escabrosos actos.


Cualquier sonido que llegaba desde el pasillo, que accedía a la habitación donde me encontraba, ponía mis vellos de punta, las palpitaciones ahogaban mi garganta y todos mis sentidos se esforzaban en adivinar su origen. La luz que de forma intermitente acompañaba a los relámpagos que se asomaban por la ventana, rompía la espesa oscuridad que invadía hasta el último rincón, daba la sensación de que las sombras se abalanzaban hacia mí para aumentar el dramatismo de aquel cuadro dantesco.

No hay que ser un avezado lector para comprender que de alguna manera tuve que salir de aquella situación, no sin gran esfuerzo y con más de un recuerdo permanente sobre mi cuerpo. Por lo que es razonable construir desde los cimientos y comenzar el relato por el principio.

Mi verdadero nombre no tiene sentido revelarlo pero como de alguna manera me tienen que llamar, así en adelante me conocerán por Luis García. Los demás personajes de “Miedo” también han sido cambiados para que aquellos que están al día de ciertas noticias aparecidas no hace mucho tiempo en los medios de comunicación no puedan reconocerles, aunque dada la trascendencia que tuvo en su momento al final se sabrá de qué suceso escalofriante y desgarrador se trata.

4 comentarios:

izac_1 dijo... / 2:26 a. m.  

hola

izac_1 dijo... / 2:27 a. m.  

estachido

Anónimo dijo... / 12:21 a. m.  

pues muy interesate pero no sabre comentar bien sobre tu experiencia si no la leo toda y esto parece escrito como una novela y no le cuentro principio ni fin.

Anónimo dijo... / 2:26 a. m.  

muy bien el encuadre de la situacion pero un poco pasdo de moda,no crees .los trueños ,la lluvia ...pasdo de moda aunque tienes bien aprendido los sintomas comunes de esa reaccion quimica al
la que llamamos miedo ,buen intento aprendiz de agatha

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