Capítulo 2: Tres días antes

Pocos días antes del inicio de mi relato me encontraba relajado sobre mi cama de la casa de huéspedes donde he permanecido en los últimos dos años, escuchaba la lluvia suave sobre los cristales de la ventana y veía adormecido como el viento balanceaba plácidamente las ramas del deshojado almez que el paso de los años había hecho elevar su tronco hasta la segunda planta donde se encontraba mi habitación. Una música estridente, casi ruido infernal, llegaba desde la morada adosada a la mía, pero ni eso era capaz de romper aquel momento de relax y tranquilidad.

No sé cuánto tiempo permanecí adormilado, pero la voz de la patrona rompió el embrujo y me trajo de nuevo al mundo real, me llamaba, como de costumbre, desde el piso inferior, nunca he sabido para qué teníamos teléfono sobre la mesita de noche. Me anunciaba a grito pelado que un mensajero acababa de dejar un sobre para mí.

Lo extraño de aquella noticia me hizo levantar como un resorte, bajé rápidamente las escaleras. Pocos segundos después, de nuevo en mi habitáculo, pude observar con intranquilidad un gran sobre acolchado. En su interior había una carta dirigida a mí y un mapa de carreteras. El mensaje era realmente breve: "Estimado Luis. Dado que dispones de unos días de descanso y sé que no tienes ocupaciones importantes, te ruego aceptes acudir a la dirección que adjunto para actuar como asesor médico de un importante y rico personaje público que va a permanecer retirado en una hacienda durante los próximos cinco días. Yo he tenido que declinar esta oportunidad pues me marcho con la familia a visitar a los abuelos. Tus honorarios normales serán duplicados, además de los gastos de viaje. Perdona por la premura de tiempo. Esta noche debes acudir a la cita, espero que tu coche no te deje tirado". La firma era la de un amigo y compañero de trabajo.

Efectivamente, y aunque aún no lo había mencionado, mi profesión es la de médico. Hace más de tres años que realizo mi actividad profesional en el servicio de urgencias del único hospital de la ciudad, tiempo suficiente para verme sobrecogido por la rutina de un trabajo diario que absorbe casi todo mi tiempo y que no me ha permitido en pensar en otras posibilidades personales.

Durante unos minutos no salía de mi sorpresa, por lo que tuve que releer de nuevo la misiva, de forma lenta y esforzándome por comprender todo su significado. Desde el primer momento descarté que fuera una broma, aunque realmente así lo parecía. En cualquier caso tenía razón al decir que no tenía previsto actividad especial alguna, y la oferta económica parecía interesante, cualquier extra puede venir bien para engrosar mis ahorros y cuanto antes abrir la consulta privada.

La hacienda a la que hacía referencia estaba a setenta kilómetros de la ciudad en un paraje de montaña, a unos mil doscientos metros de altitud, denominado Pico del Buitre (el nombre ya empezó a inquietarme y preocuparme). Sobre el mapa se adivinaba que se encontraba bastante aislado de cualquier núcleo de población, por lo que su propietario, Marcus Brandon (este nombre tampoco se corresponde con el real, pero es conveniente saber que es un adinerado hombre de negocios, extranjero por supuesto, que pasa mucho tiempo en nuestro país, normalmente de incógnito), se encontraría más seguro si a su lado había un experto médico que pudiera solventar cualquier indisposición corporal de forma discreta.

5 comentarios:

lewa dijo... / 9:39 a. m.  

me interesa el tema ya que me encuentro en un conflicto al tener que realizar un cartel sobre el miedo

lewapser@hotmail.com
http://lewapser.blogspot.com

Anónimo dijo... / 6:12 a. m.  

mu parece algo importuno hacer esto

Anónimo dijo... / 6:13 a. m.  

esta algo interezante

Anónimo dijo... / 6:13 a. m.  

lo bueno es que deja picado

MIGUEL ANGEL dijo... / 11:29 p. m.  

BUENA HISTORIA RAPIDA INTERASANTE Y FLUIDA

DEBERIA PUBLICAR DE UNA VEZ MAS CAPITULOS PARA QUE LA GENTE SE HAGA UNA MEJOR IDEA Y LE ENVIEN MAS COMENTARIOS

GRACIAS

MIGUEL ANGEL

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