Capitulo 12: La Biblia

Me senté junto a la ventana con la mirada perdida en la oscuridad reinante en el exterior, repasando una y otra vez todo lo sucedido desde la mañana hasta la tarde. No entendía la manipulación que habían recibido los fallecidos en su cuerpo, no terminaba de comprender por qué habían desaparecido las llaves de los coches, no sabía a ciencia cierta quiénes estaban implicados en la muerte de Rodolfo y su mujer. Posiblemente pasé más de una hora absorto en aquellos pensamientos, ni siquiera me había cambiado de ropa, cuando de pronto una idea se despertó en mi atormentada mente, la solución del enigma estaba casi con toda seguridad en la Biblia encontrada en la biblioteca, tenía que recuperarla para estudiarla con más detenimiento. No lo pensé dos veces, salí con premura de mi habitación, cerré despacio la puerta y bajé las escaleras en penumbra e intentando no hacer ruido.

Al entrar en la biblioteca me encontré de manera inexplicable con el libro que estaba buscando sobre la mesa, apenas tardé un minuto en buscar en las estanterías un diccionario de latín, eso me ayudaría a traducir los textos. Cuando salía de la habitación me sorprendí al observar que el despacho de Marcus tenía la luz encendida con la puerta casi cerrada, me acerqué con sigilo y a través de la ranura pude ver a alguien sentado en el sillón y leyendo unos textos sobre la mesa, en un primer momento me asusté pues no reconocía a aquella persona, pero enseguida comprendí. Al moverse un poco hacia la luz pude ver que era el señor Brandon, pero sin pelo y sin gafas. El peluquín debía de ser de buena calidad pues hasta ese momento hubiera jurado que su pelo era natural. Se mostraba muy concentrado en la lectura con la cara ligeramente en penumbra, no sabía si mostrar mi presencia o simplemente retirarme igual que había llegado. De pronto levantó su rostro y miró fijamente hacia una estantería, la sangre se heló en mis venas y durante unos instantes me quedé sin respiración, aquella cara era la misma que había observado en los cuadros del salón. Salí de la biblioteca con un ligero temblor en todo el cuerpo y con algunas gotas de sudor en la frente, me dirigí hacia el primer cuadro y comprobé que efectivamente Marcus Brandon estaba en ambos óleos.

Aquel endiablado crucigrama en que se había convertido los descubrimientos que se iban sucediendo tenía que tener respuestas correctas, y estaba convencido de que el libro que llevaba en mis manos tenía más de una solución. Cerré la contraventana y la puerta del dormitorio con llave, no quería que nadie interrumpiera mi investigación, además me sentía más seguro. De nuevo la contraportada del libro llamó mi atención, admirándola de forma detenida pude ver una representación de una batalla de las cruzadas con el mismo personaje central, vivo retrato de Marcus. En el borde inferior con letra minúscula y casi ilegible había escrito unas palabras muy reveladoras: Federico II. Nazaret.

Si lo allí escrito era real resultaba que el anfitrión de aquella mansión podía ser el rey excomulgado, organizador de la VI Cruzada, Federico Matamoros era Marcus Brandon. Mi mente se negaba a aceptar tal afirmación, la medicina y la ciencia me prohibían admitir tal pensamiento. Tuve que sentarme pues mis piernas no eran capaces de soportar el peso de mi cuerpo, había perdido la fuerza en un instante. Miré y remiré el libro una y mil veces, si no me estaba volviendo loco tenía que aceptar las evidencias.

Aparté por un momento aquellos pensamientos para intentar centrarme en el interior del libro. Durante más de dos horas trabajé incesantemente en traducir algunos párrafos y sobretodo las palabras resaltadas en el texto. No sentía cansancio alguno, la adrenalina mantenía a tope las funciones de todo mi organismo, el frío del exterior apenas si llegaba a mi cuerpo que se encontraba sudoroso.

Pude traducir palabras sueltas de forma inconexa, la mayoría de las subrayadas se encontraban en los textos relacionados con la muerte de Jesús. Poca ayuda me aportó el laborioso esfuerzo de traducción, pero cada vez estaba más convencido de que había una relación estrecha y directa entre Marcus y Federico II.

Eran más de las cuatro de la madrugada cuando decidí dejar el libro donde lo había encontrado, para no despertar sospechas. Me asomé tras la puerta, el silencio dominaba el pasillo y también el resto de la casa. Arrastré suavemente los pies calzados con zapatillas finas que no hacían ruido, podía oír el latido de mis arterias en las sienes. Si en aquel momento me hubiera encontrado con alguien habría sufrido un seguro infarto, el miedo de nuevo envolvía todos mis movimientos alterando hasta la respiración. Una vez en la parte inferior de la mansión, en el salón, me encontré más relajado, no había señales de que ningún otro estuviese levantado a aquella hora. Entré sigilosamente en la biblioteca y dejé el libro sobre la mesa, del despacho del señor Brandon no salía luz.

De regreso a mi habitación pasé junto al sofá y casi caí al suelo al tropezar con algo inesperado. Me volví algo enfadado conmigo mismo por no tener el debido cuidado de no hacer ruido. De pronto me quedé helado con un grito interior recorriendo mi garganta, tuve que hacer un gran esfuerzo para ahogarlo e impedir que saliera al exterior. El objeto causante de mi tropiezo era el pie de Helen que yacía sin vida junto al sillón.

Tras unos primeros segundos en que me encontraba desconcertado, me acerqué y pude comprobar que efectivamente el cuerpo estaba inerte y sin vida. Entre la penumbra de la habitación apenas si se veía con mínima claridad su semblante, tranquilo y sin muestras de violencia o dolor. Intuitivamente me apresuré a buscar marcas de pinchazos tanto en su región lumbar como en el esternón, aunque en esta ocasión no había marca alguna. El estado de rigidez aún no se había iniciado por lo que la muerte hacía poco que se había producido.

Y allí me encontraba yo, sentado en el sillón, sin saber qué hacer. Si despertaba al resto de los moradores de la casa tendría que explicarles por qué me encontraba en el salón y no durmiendo como sería de suponer, lo contrario, es decir, irme a mi dormitorio quizás sería lo más sensato dadas las circunstancias, pero en el fondo me molestaba dejar allí a Helen, como si nada hubiera pasado y no avisar al menos a su esposo.

7 comentarios:

Mornigg !!! dijo... / 5:57 a. m.  

Tú historia , la e leeido paso a paso es como algo umm , realmente escalofriante , si es realidad que eres tú el Dr. que valiente , al io aver sabido que estaván muriendo varios personajes de aquella manción , me daria un tiro !

Saludos , espero el proximo capitulo y sinceramente aquí tíenes a un gran lector

Adiós

Anónimo dijo... / 8:21 p. m.  

hola, esta es una historia excelente, con una narraciòn que te va llevando poco a poco, por favor no tarden en publicaros sig. capìtulos, deseamos conocer la historia completa....

Anónimo dijo... / 8:27 p. m.  

vamos vamos sr. gil tenemos 2 años de empezar a leer este relato y nos guatria que pronto diera mas noticias de este cuento me considero fan de èl pero es mucho tiempo de espera. esperamos por saber que pasarà
adelante!

javier.com dijo... / 8:26 p. m.  

hola saludos a todos los lectores de esta historia, por favor no tarden tanto en darnos a saber que es lo que pasa despues.

Anónimo dijo... / 3:55 p. m.  

que tal porque no terminas de contar este cuento estoy interesado en su conternido y me gustaria conocer el desenlace, favor de hacerlo posible.
gracias

Anónimo dijo... / 11:41 p. m.  

me ha gustado el relato pero quiero saber que es lo que pasara...............

carlos.com dijo... / 12:41 a. m.  

esta historia es muy interesante y tambien original, felicitaciones a las personas que la han escrito, me ha gustado mucho, de hecho se deberian de escribir mas historias de el mismo estilo, los apoyo.
mi nombre es carlos villegas

Publicar un comentario